El Bayern vuela en resultados, le miramos desde lejos como
la gran montaña a escalar para ganar la Champions, mírese desde el hincha que
seas Madrid, el Barça, Atlético, PSG… Etc. El Bayern, decía, es la montaña a
escalar, con sus veinte puntos de ventaja en la Bundesliga, su eterno aire
arrogante, sus Ribéry, Robben y compañía, su imponente aire de club modelo.
Pero he aquí que de su presidente de honor, el mismísimo
Beckenbauer, salen críticas. Guardiola riñó a Schweinsteiger por chutar en una
ocasión en la que a su juicio debió tener más paciencia y Beckenbauer comentó,
que a ese paso acabaría por no ir nadie a ver los partidos del Bayern. ¡Qué
conflicto! Muchas veces lo he hablado con amigos. El juego que propone el
tiqui-taca, el toque, la distracción, sacan al rival del partido, provocan que
la jugada aparezca sola y dan muy buenos resultados. Eso lo han gozado España y
el Barça. Y ahora el Bayern, que vuela en la Bundesliga.
Pero ese modelo aburre al aficionado clásico. No hay que
extrañarse. En el cine, que comparte con el fútbol los honores de espectáculo
favorito de los últimos cien años, no ha habido género de más éxito que el del
Oeste: galopadas, tiros, indios o vaqueros que se caen de los caballos,
ferrocarriles asaltados... O sea: el fútbol inglés del periodo clásico, el
modelo del que partimos. Frente a eso, el tiqui-taca es cine de arte y ensayo,
artístico, sosegado, que pide del espectador una predisposición distinta, de
reposo y observación madura. Son dos modelos, todo es fútbol. Yo no renegaría
de ninguno.

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